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Señor de la Guerra

He aplastado el orgullo de capitanes y sus bravos guerreros mercenarios con mis botas. Como un mercader, he cambiado sin descanso vida por muerte, placer por dolor, prosperidad por desesperación, más aún, he cobrado por ello incontables piezas de oro. He despreciado la paz y limpiado la sangre de mis manos en su blanco estandarte. He causado bajas por millares tras vencer en la guerra, y arremetido contra pueblos enteros, hambrientos e indefensos. He violado a mujeres extranjeras con una daga y practicado la tortura con esclavos con quienes debía comerciar. He raptado a jóvenes doncellas para desposarlas, desflorarlas y copular con ellas durante días hasta finarlas extenuadas y en cautiverio. He bebido vino en el cráneo hueco de un sacerdote, quien me acusó de paganía. He cabalgado por medio mundo conocido para traer la muerte a quienes no la esperaban y arengado a mis hombres para que guardasen mi espalda y siguieran las huellas de mis pisadas, que llevé más allá del árido desierto. Por todos soy conocido y odiado, y no hubo en vida figura que pudiera infundir más temor que la mía. Los bárbaros llaman “miseria” a mi corcel y “cólera” a mi espada. Presumo de haber matado a hombres con todas las armas de que alguna vez dispuse, con las manos desnudas, incluso presumo de haber decapitado a un Rey con mi rodela. Cuando narran mis gestas en una taberna o posada nadie ríe y todos callan, rezan plegarias en silencio para exiliarme de sus destinos. Solo vasallos y muertos conocen mi cara, mas quien me acaudilla se niega a mirar. La muerte existe y es mujer solo porque yo soy su hijo. Los dioses cuyos templos he quemado no desean ya mi muerte, ni mi encuentro en sus tierras infinitas, porque incluso ellos me tienen miedo.

Soy el terror, la crueldad del hombre, yo solo, la peor de las plagas y embajador de la muerte en vida. Todo esto es lo que más gozo pudiera causarme y no conozco mejor forma de emplazar el tiempo que me dispusieron, ni mis enemigos pueden imaginar para mi mayor maldad de la que yo he dispuesto.

No tengo miedo a la muerte ni al castigo eterno, porque yo soy ambas cosas.

Atila, el huno.

El prisionero

Se gira para contemplar con desatino como su dicha no mejora. La opacidad tras su nariz prominente dibuja contra el muro la silueta de un rostro despiadado, de facciones angulosas y exageradas. Bajo la sombra de su esperpéntica cara hay un calendario dibujado con tiza en una de las paredes de su celda, que tiene que desplazarse para poder ver. Nadie vino en años, sin más amparo para él que el de la escasa luz que se filtra por unas perforaciones en la parte superior de la gruesa puerta de hierro. Más de cerca, el calendario sirve a placer la prueba fehaciente del encierro y la tortura que la soledad arrastra, y que sigue arrastrando. La comida; un líquido negruzco y espeso, servido frío en un hosco cuenco de piedra, rebosado de cortezas de pan más secas y asperas aún que el propio cuenco, yace desparramada por el suelo. Sin posibilidad de holgarse más que desparasitando el sucio pelaje que le crece ageno al lento discurrir de las horas, con las liendres aferradas en el como únicas compañeras.

Un viento llegado insólito empuja con fuerza tal que logra entreabrir la puerta.
Pudo la sorpresa engañarle, haciéndole creer en principio que hubiera alguien del otro lado, hasta que el soplo de aire trae a sus desacostumbrados oídos un silvido chirriante, el del viento enfurecido. Soliviantado por el engaño, lleva su mano derecha al cinto y toma de el un llavín que usa para cerrar la puerta desde el interior, despues de tirar de ella.

Sentado en la penumbra, ahora llena por el silencio, recuerda el tiempo pasado y marañoso, confundido por la soledad del cautiverio. Tras pensarlo un instante, concede a su oído un dudoso placer no acontecido desde tiempos remotos, el de escuchar su própia voz; antaño noble y vibrante, ahora quebrada y tan apagada como el brillo de sus ojos en su envejecido semblante cavernario. Finalmente y no sin esfuerzo, consigue emanar algunas palabras susurrantes de su garganta:

Antes que el tiempo me vea finar deseo dejar aquí mis recuerdos, pues aunque poséo todas las llaves de esta mazmorra, la soledad me custodia a mí. Yo, que un día ya olvidado fui carcelero.

EL Fín 42

Jose Gomez
Gema, qué tal con Harry Potter???
Hace 31 minutos

Hola

Alguien me pregunta del otro lado del teléfono “¿Ellos han hecho algo por ti?” Me suena esta pregunta, conozco la respuesta:

No, yo lo he hecho por ellos.

No sirve de nada, ni siquiera lo sabrán.

Es mejor así. Todo acto tiene una consecuencia.

¿Acaso eres tú el jodido Jesucristo? ¡Vete al carajo!, haz las cosas por ti, no por desconocidos.

Ya las hago, todo el tiempo además. No necesito nada más.

Pero, ¿de que sirve todo eso? ¿Qué ganas tú?

Nada.

¿Lo vés?

Claro que lo veo. Eres tú la que no puedes verlo.

¿Qué no puedo ver?

Lo que no sientes.


No podía vislumbrar el motivo, aunque resultase ya claro el propósito y los visibles resultados. El tiempo devora a cada uno sin que se resistan. Aun con todo a su favor la responsabilidad resultaba inevitable. Era imposible contemplarlo todo de una manera tan global y pragmática; Pasado presente y futuro en una simple cara, un bloque. Solo lamenta no ser el autor del mal juicio ajeno, y su amargura era la imposibilidad de elegir bien por ellos.

Visto así, en una vida sin misterios ni secretos, todos sus actos parecían inexplicables o desconcertantes. En su inapreciable pugna, perdía siempre todas las manos que se jugaran, por mejores cartas que le dispusieran. Su cruz, la interminable estupidez humana, sobre la que cualquier influencia no podía ser ni tan solo atendida. Cada uno traza su camino, y por erróneo que este sea, cada uno elige su final.
El engaño nace en cada uno y en cada uno muere, aunque traten otros de impedirlo, aunque se pierda en ello la razón, el orgullo, la verdad…

Considerados culpables de la mala elección, apoyados en su adormecido subconsciente. Empujados al juego sin reglas, donde solo importa la improvisación y careciendo todo el tiempo de ella.

Cuando el tiempo había reposado tras combustionar, aun quedaba el vacío que dejan sus actos, estando la sombra y faltando su porque. Interrogante que desprende la memoria al comprender que algo ha sucedido pero no saben que fue.

HANK Intrépido Intrépido

Capítulo 1: COMúNMENTE PóSTUMO

Y dinos, Hank ¿Tiene arreglo la nave?

Puffff. Esto de aquí mal…aquello mal…esto ¡Uf! Mal − En un tono más discreto − Se ha jodio.

Bien Hank ¿¡Y que carajo hacemos ahora!?

Hank dejó el cilíndrico entramado de cables para girarse a mirar a los supervivientes. Dos hombres componían la tripulación de la nave; el “cargador”, un hombre de avanzada edad, y el copiloto, Strucks, que era quien había formulado la pregunta.

Bien − Se puso de pie y trató de hundir con el pie los cables en el fuselaje − ¿Hemos sobrevivido todos?

Los dos supervivientes se miraron y miraron a Hank.

Bien. Hemos aterrizado en un planeta desconocido − Hizo una pausa para contemplar al derredor − No sabemos lo que puede haber aquí porque es desconocido. Lo primero será organizarnos… − Hank parecía haber nacido para estas situaciones.

Bien, ¿Strucks? − Llamó Hank a su copiloto.

−¿Si?

− Tú serás el líder.

Strucks le miró atónito. Necesitó unos segundos para asimilarlo.

Pero Hank − Replicó Strucks − Tú eres el protagonista. La serie lleva tu nombre, yo solo soy un contratado, además…

Bien Strucks − Interrumpió Hank −El cargador será el líder.

Acepto − Dijo rápidamente el cargador, dejando caer al suelo una pesada caja con los víveres.

Hank se puso a su lado para recoger la pesada caja de nuevo. Luego le miró para preguntarle:

Bien cargador ¿Y ahora que hacemos?

Bien Hank − dijo el achacoso anciano, tratando de enderezar su espalda − Por lo pronto, ya no seré más cargador. No, a la mierda con eso. Ahora seré Líder − Hank y Strucks le miraban impacientes − Ah si. ¿Que hacemos? Pues, si no os gusta este sitio… porque es desconocido o lo que sea, pues, vámonos.

Carga…digo Líder, la nave está rota − Señaló Strucks con el dedo índice la nave.

La nave… − masculló el anciano − Es verdad, la rompió Hank.

−¡¿Hank?! Preguntó Strucks en tono muy elevado.

Está mejor así − Dijo Hank mirándola con ambas manos sobre cinturón, como supervisándola. La caja con los víveres ya no estaba − Bien, vayamos a otro sitio.

En el misterioso planeta desconocido, Hank y los dos valientes tripulantes que le acompañaban, caminaron durante cuatro horas atravesando una frondosa selva. Un sol muy distante estaba ahora colocado sobre sus cabezas, arrojándoles un calor sofocante. Líder caminaba en último lugar completamente exhausto, cada vez más distante de Hank y Strucks que habían comenzado a adentrarse en un pantano.

Este pantano es muy peligroso − Dijo Hank mientras avanzaba temerariamente, sumergiéndose en el lodo − ¡Cuidado Strucks! Podríamos quedar atrapados aquí.

Cuando prácticamente estaban cubiertos de lodo hasta el cuello, de manera milagrosa, consiguieron atravesarlo llegando al otro lado.

Hemos perdido a Líder − Dijo Strucks jadeante, embadurnado hasta la barbilla.

Hank se detuvo para girarse a mirar el pantano con aire solemne y dijo:

Ya te dije que este pantano era peligroso Strucks. Era un buen Líder − Se puso de nuevo en marcha − ¡Debemos continuar! O nosotros tampoco saldremos nunca de este planeta.

−¡No! − Una voz malévola surgió del pantano.

Al girarse vieron el holograma de una cabeza proyectada sobre la superficie del pantano. La voz provenía de la gigantesca cabeza del mortal enemigo.

−¡Yo he raptado a Líder! − Rugió la voz de la cabeza para luego carcajear vilmente.

−¡Maldición! − Dijo Hank − ¡Es el profesor Mac Boli!

Malevolic −Corrigió Strucks.

Eres un estúpido Hank − La cabeza holográfica hablaba amenazante − Aunque hayas descubierto mi escondite, este es mi planeta y nunca saldréis de el con vida − Continuó carcajeando.

Eres un peligro intergaláctico total profesor Malevolic. No puedo dejar que aparezcas así por toda la galaxia. − Hank dio unos pasos hacía la cabeza desafiante.

Eres un necio Hank. Piensa y dime ¿Queréis recuperar a Líder? − Preguntó el malvado profesor.

Hank miró a Strucks, que terminaba de volcar el barro de sus botas. Este miró al profesor y luego a Hank, negándole con la cabeza.

−¡No! − Respondió Hank al profesor − Tu truco ha fallado esta vez profesor. No queremos recuperar a Líder.

No nos interesa − Replicó Strucks terminando de limpiar su traje.

¿No? − El profesor les miró con cierta incredulidad − Entonces…¡lo mataré! Si, eso haré − Concluyó el profesor entre carcajadas.

¡No nos interesan tus malvados planes profesor! − Gritó Hank − Iremos a por ti y te atraparemos.

Eres un inepto Hank. El planeta entero esta repleto de trampas mortales, hasta yo he de tener cuidado de no caer en una − carcajeó rápidamente − Vosotros solo sois dos y yo tengo un ejercito de secuaces, armados peligrosamente a mi servicio ja ja ja ja

Hank miró a su copiloto y este le asintió con la lentamente con la cabeza.

−¡Si! − Respondió − Pero yo soy Hank, y este es mi copiloto Strcuks. Y además ¡yo soy el protagonista! ¡y si quiero encontrarte lo haré!

−¡Bien dicho! − Le animó Strucks

Bien Strucks, vamos a otro sitio.

Continuará….

HANK Intrépido Intrépido

Capítulo 2: AGORAFOBIA INTENCIONAL

−¡¿Strucks?! − Preguntó Hank observando como alguien venia en el horizonte.

Llegaba caminando desastrosamente desde la lejanía, entre jadeos y resoplidos. Se detuvo frente a Hank.

Bien Strucks ¿Encontraste la morada secreta del profesor Malevolic?

Strucks no contestaba, no había recuperado el aliento necesario.

Bien − Hank hizo una pausa prolongada, con la vista clavada en un árbol cercano

−…Si − Contestó finalmente Strucks como pudo.

Bien Strucks ¿Está muy lejos su guarida?

−A un día, quitando el medio día necesario para llegar de la nave al pantano − Contesto Strucks inclinado sobre sus rodillas, aun cansado.

Esta amaneciendo…− Meditó Hank −Pues, a medio día ¿No? ¿Día de doce o de veinticuatro?

Medio día de doce, llegué de noche a su escondrijo.

Bien Strucks. No perdamos más tiempo, llévame hasta allí ahora.

Hank…− Strucks no dejaba de mirarle suplicando comprensión− acabo de volver

Bien Strucks. Creo que todo esto resultaría más sencillo si fueras un personaje femenino y estuvieras enamorado de mí.

−¿Qué demonios insinúas Hank? −Preguntó Strucks enrarecido − Esta bien, te llevaré hasta el profesor

La inseparable pareja de intrépidos aventureros capitaneada por Hank continuó su viaje por el planeta desconocido, rumbo al escondite del malvado profesor Malevolic. No tardaron mucho en abandonar la selva en que se encontraban, llegando a una árida llanura que lindaba a lo lejos con unas sombrías montañas. Mientras el sol a medio asomar se hundía en el horizonte, tras las montañas…

Tenemos que estar alerta Strucks− Dijo Hank mientras se acercaba peligrosamente a una colosal grieta ramificada que cruzaba la superficie de la llanura − Podríamos caer por una de estas grietas.

Cuando Hank estuvo a punto de caer en una de ellas, tras desprenderse un fragmento de suelo bajo sus pies, de manera milagrosa, la mano de Strucks apareció de repente para agarrarle y ponerle de nuevo a salvo.

−¡Uff! Eso ha estado cerca − Dijo Hank secándose el sudor con un pañuelo naranja.

Hábilmente fueron saltando y esquivando las grietas para llegar al pie de las montañas. Había empezado a llover y el sol se había escondido casi por completo. Cuando levantaron su vista hacía las montañas, estas, desde la distancia, enviaron una advertencia: las carcajadas del profesor Malevolic que resonaban con un eco siniestro.

−¿Seguro que es por aquí? −Pregunto Hank a su copiloto −Strucks ¿Falta mucho?

No… − Respondió Strucks titubeante − Más adelante están las rocas del discursito. Llegaremos a su morada en un par de horas.

Bien Strucks, bien.

Tras recorrer un angosto desfiladero. Hank y su compañero llegaron a una explanada sobre la montaña desde la que comenzaba un estrecho camino hacia la cima. A la derecha del camino había unas cuantas rocas amontonadas.

Esas son − Las señaló Strucks para indicarle a Hank.

Hank se subió a las rocas. Mientras trataba torpemente de mantener el equilibrio, alzo su brazo derecho y con el puño en alto gritó:

−¡Ya estamos aquí profesor! ¡Hemos encontrado el camino oculto que nos conducirá a tu guarida secreta! ¡No importa lo malvado que seas, no podrás con nosotros!

−¡Vale Hank! − Interrumpió Strucks − Ya vale.

Quiero que se entere − Explicó Hank con porte enojado.

Es inútil Hank, está muy lejos todavía. Al final del camino, en lo más alto.

Bien Strucks − Hank bajó de las rocas y busco en su bolsa de cuero mega moderna − Entonces lo llamaremos al celular −

Sacó el teléfono y marcó su número…

“Ja Ja Ja Ja Este es el terrorífico contestador del profesor Malevolic, deja tu mensaje Hank Ja Ja Ja Ja…”

Bien profesor. Hemos encontrado el camino oculto, reza lo que sepas... − En ese momento sonó como si alguien descolgase el teléfono del otro lado de la línea.

−¿Hank?

−¿Profesor?

Hank muchacho. ¿Cómo va eso hombre? − La voz del profesor resultaba afectiva.

Bien…bien. Aquí con Strucks, que ya casi hemos llegado a su guarida.

−¿Pero vais a tardar mucho más o qué? − Preguntó Malevolic a Hank.

−No, subir el camino oculto y ya llegamos.

−¿Ahora vais a subir el camino? − Preguntó el profesor sorprendido.

Si…si

Mira Hank, de verdad. Ahora ya…es muy tarde. Yo tengo puesto ya el pijama y…

No se equivoque profesor. No podrá engañarme tan fácilmente − Le cortó sin vacilar.

De verdad Hank. Yo estoy aquí con mi familia ¡y yo no se que queréis! Tenéis que comprender que estas no son horas de enfrentarse con nadie. Es más, yo ya me estaba metiendo en la cama y mi gato está ya ronroneando. Escucha, escucha… − Se pudo oír un clic de ratón seguido del ronroneo de un gato − Lo siento mucho de verdad, pero…hoy ya no se puede.

Mira profesor. Yo soy el protagonista − Repuso Hank

Y yo el malo, Hank. Es que esto es así. Yo no tengo ningún reparo en dejaros en el porche lloviendo. Eso lo sabes tu y lo sé yo, tu mismo…yo no te puedo decir nada más − El profesor fingió un bostezo − Tu mismo ¿vale?…

−¿Qué te ha dicho el profesor? − Preguntó Strucks interesado después que Hank hubiera guardado su teléfono.

El profesor ha dicho que su gato está ronroneando. Bien Strucks, tendremos que esperar hasta mañana.

Pero…−Quiso recurrir Strucks.

Bien Strucks, busquemos otro lugar donde dormir, pero uno con techo.

Continuará…

MARCELLA Cigars

Tras secar mi cara con la toalla, una conclusión flotó al verla limpia y afeitada en el espejo; todo está dispuesto: la maleta preparada, el peluquín y el artificio, el teléfono móvil, mi bolsa de mano, la cartera y el dinero.

Tomo las llaves de la mesita del recibidor. Ahora, seco, aseado y con la ropa a estrenar, nada puede enturbiar este aire de conquistador, más aun, de glória, de triunfo.

Miro el reloj, es hora de llamar a Gema y salir:

¿Gema?
Si
¿Qué tal todo?
Ya tengo los billetes ¿estas ya listo?
Todo está preparado, listos para tomar el avión.
Yo estoy aquí en el aeropuerto, te espero en la zona de fumadores.
Estupendo, salgo ya. Por cierto, cómprame tabaco, luego te lo pago.
¿Qué tabaco?
Camel
Vale
Un beso, ahora te veo.
Vale. Oye ¿Dónde has guardado a las niñas?
¿Qué?
La niñas, sino me quieres hablar ahora, tampoco pasa nada.
No es que… ¿Qué niñas?
Tonto…las piedras
Ahh…  ¡maldición!  Están…están aquí.
¿Dónde?
Oye, ahora te veo
Oye…
Un beso, no tardaré nada.

Los diamantes. No recuerdo donde los puse. No me lo creo, no puede ser, no tiene el menor sentido. No están bajo la cama ni bajo el colchón, en el forro del sofá tampoco, ni tras las cortinas sobre la persiana, ni en los cajones de los muebles, ni en la cisterna. No quiero rajar los cojines, desharé la maleta. Todo volcado sobre la cama, sobre la moqueta y por el suelo. Los trajes, el neceser con todas las cosas esparcidas, los zapatos, sabanas, toallas, todo. Mirando en cada bolsillo, en cada manga, entre las costuras, bajo las solapas, entre revistas y libros y…no.

La mirada me busca sola por todas partes sin que haya ningún sitio más donde esconder los diamantes en esta habitación, de este hotel de mierda. Busco y doy con el espejo, que ha dado al traste con mis aires de naturalidad, de relajado, de triunfador. Me veo obligado a quitarme la camisa y encender el aire acondicionado. Piensa, piensa…

Tras la ventana el sol se va, se irá en pocos minutos. Menos mal que es un vuelo nocturno. ¿Como puede ser? Esto es absurdo. Necesito algo frío…¡Claro! En la nevera.

Abro la nevera convencido de que todos mis problemas se solucionarán, pero no.

Solo daba para saciar mi sed con una última cerveza fría. Pero oye…¡Claro! En el aire acondicionado…Esta sonando el teléfono. Es gema, sobre su nombre aparece también la hora. Las 19 y…¡Las Siete y media!

¿Gema?
¿Qué estas haciendo?
Que…un improvisto
¿Ha pasado algo o que?
Si. Que se ha roto la habitación y…
¿Qué las has perdido?
¿Te lo puedes creer?
Lo sabía, es que lo sabía. No se te puede dejar solo.
Todo se ha jodido. No las encuentro.
 Bueno ¿Qué vas a hacer?
¿Cuánto queda para que salga el avión?
Una hora y cuarenta, más o menos. Tienes que venir ya.
Pero…
Yo no me voy a quedar aquí.
¿Qué vas a coger el avión sin mi?
¡No espera! Todo al traste por tu mala cabeza.
¡Que no! Osea, quédate conmigo que ya aparecerán.
¡Si vamos! Vente tú conmigo. Date prisa, todavía tienes una hora.
Pero, espera. Escúchame…Gema…¿Gema?....Eh

Una hora. Es culpa mía. ¿Cómo se le ocurrió confiar en mí? Pero si lo sabe. Joder, tiene que saberlo. Cualquiera que me conozca sabe que mi memoria es un coladero con desagüe a nunca jamás. Si al menos no hubiese inspeccionado la habitación para esconderlos, no tendría que seguir el rastro de mis propios recuerdos, probando en cada posible escondite. ¡Ah si! En el aire acondicionado.

Ya casi esta desmontado al completo, si, recuerdo haberlo inspeccionado antes. Solo faltaría que ahora…

“Toc toc”

¿Quien es?
El conserje.
¿El conserje? ¿Y que quiere? ¿No ve que estoy ocupado?
Perdone, con la puerta cerrada no sabía…
¿Que? ¡¿Que?!
Como nos dijo que se iba hoy, solo queríamos saber si todo fue de su agrado.
No...Si, quiero decir si. Eh…oiga ¿No tendrían por casualidad un juego de destornilladores?
¿Destornilladores?
Si, si puede subírmelos le daré una buena propina.
Claro, veré lo que puedo hacer ¿Es que hay algún problema?
Ningún problema, si puede encontrarlos.
Voy a ver

El teléfono, otra vez Gema.

Gema, creo que los he encontrado.
Ya no queda tiempo. Tienes que venir ya.
¿Como voy a dejar aquí los dia... a las niñas? No puedo abandonarlas.
¿Eso es lo importante? ¿Es todo lo que te interesa?
No empecemos ¿Quieres? Ya casi los tengo.
No, no los tienes. ¿Vas a venir o no?
¿Solo? Quiero decir ¿Sin ellos?
Al cuerno las piedras, pensaba que yo te importaba más.
Eso, tu ayúdame a ganar tiempo
Pero si es lo único que hago. Por favor, ¿quieres venir de una vez?
Claro que quiero ir, pero cuando los tenga.
Ya no hay tiempo ¿Es que no has visto la hora que es?
Si...La hora. Oye te veo ahora, tengo que seguir buscando.
Espera...

Cuelgo. Llama de nuevo pero también cuelgo. La habitación està patas arriba. Todo revuelto y mezclado. Los cuadros y adornos desplazados, la ropa revuelta y por el suelo, la moqueta levantada, la cama deshecha, piezas del aire acondicionado por aquí y por allá. Al aire solo le queda un panel por extraer, ya lo hice antes, estoy seguro.

“Toc Toc Toc”

He conseguido los destornilladores.
¡Que rápido! Bien, le abro.

Sorpresa. Es lo que muestra su expresión atónita, con un estuche de destornilladores de precisión en la mano.

Oiga ¿Que ha pasado aquí?
Luego se lo explico, ahora no puedo. Muchas gracias

Intenta recoger lo que puede a su paso. Le empujo de nuevo hasta la puerta, no quiero que vea nada más.

Pero oiga ¿Y la propina?
Ah si, como no. Tenga
Pero oiga, esto es mucho dinero.
Si si, de verdad, luego hablamos.

Cierro la puerta, pero su voz suena desde fuera.

Las llaves, no olvide entregarlas por favor.

Las llaves. ¿Qué llaves? Miro en mi bolsillo y aquí están. Pero ¿De que son estas llaves? No son las de la habitación, la tarjeta que me dieron está en mi cartera. Ni las de mi coche, ni…Un momento. Lo había olvidado. Son las llaves de su ordenador. Mañana es su cumpleaños, no quería que viera la reserva, el bungalow…¡Claro! ¡Ya esta! ¡La reserva!

¡Los cigarros de Marsella!

Miro en la basura, en el interior del cubo. Debajo de la lata de cerveza hay restos de los puros destrozados. Los saqué y los tire para usar la caja como escondite para los diamantes. Pero…¿Y la caja? Un momento, el teléfono…

Gema ya está. Se donde están.
Me alegro por ti.
Pareces triste, ¿no lo entiendes? Los he encontrado.
No, no los has encontrado porque los tengo yo. Siempre los he tenido yo. Tú me diste la caja de los cigarros y yo la guardé.
Pero ¿Por qué no me lo habías dicho desde el principio?
Por que quería saber la verdad.
¿La verdad? ¿Qué verdad?
Si serias capaz de dejarme ir sola, si te olvidarías de mi solo por los diamantes. Ahora lo se. Ellos son lo único que te importa.
Oh venga, aun tengo tiempo de sobra para reunirme contigo.
¿De sobra? ¿Tú has mirado por casualidad la hora que es?
No, ¿Qué hora es?
Son las nueve.
No…
Si, el avión sale en diez minutos. Y ya te lo dije, no me voy a quedar aquí.
Pero espera, espera por favor. Todo eso no importa, cogeremos otro avión. Ya los tenemos, podemos irnos cuando queramos…
No. Ya te dije que no me quedaría. Y tú en todo el tiempo que te he esperado en el aeropuerto no has sido capaz de darme una excusa por la que quedarme, solo los diamantes. Pero estabas tan ciego pensando en ellos, como para olvidar que me los habías dado tu mismo.
Esta bien, esta bien. Todo esto tiene que ser una broma. Vamos Gema, ¿es que vas a abandonarme aquí sin más?
Sin más no. Te he llamado. Te dije que vinieras. Pero tu solo querías encontrar tus puñeteros diamantes…
Gema por favor. Todo esto no tiene sentido. Tú y yo nos queremos, no puedes hacerme esta soberana putada.
Me están llamando. Vamos a embarcar. Que tengas suerte…
¿Gema? No, no, no, no, no, nonono. ¿Gema? ¿Gema me escuchas?

No, no me escucha, ha colgado.

Cogí un taxi hasta el aeropuerto, sin equipaje. Tardó solo nueve minutos en llegar gracias a mi insistencia. Pero cuando iba a pagarle recordé que todo mi dinero se lo di al conserje. Y mientras discutíamos sobre como lo íbamos a resolver, intentando no llamar la atención, vi su avión despegar.

Allí va, me dije. Rumbo a Marsella, con los diamantes, con mi corazón, con mi tabaco...

Quizás tenga razón después de todo. Si tanto dije quererla ¿Por qué le di los diamantes?


El tesoro de Cerebro

Está solo en el pequeño planeta constituído por sus recuerdos, bajo el manto de estrellas que iluminan la oscuridad del olvido. Tranquilo y relajado.

Cada vez que lo visita trae consigo su caja, en la que guarda a su amigo favorito. Su amigo se llama Cerebro. También ha traído una pequeña mesita y una silla con tres patas de madera donde poder meditar. Cuando sopla el viento, todo el humo negro de los malos recuerdos se va disipando lentamente hasta alcanzar las estrellas, hasta donde su gran ojo ya no lo puede ver, confundiéndolo con el negror del espacio. Es en ese momento cuando abre su caja y pone a su amigo sobre la mesa. Ahora está seguro de que el humo negro ya no puede hacerle daño porque el viento se lo ha llevado muy, muy lejos.

Una vez pasado el peligro, sólo cabe esperar que Cerebro se abra y le cuente lo mejor que hay en él y que ha guardado durante tantos años. En el silencioso planeta de su memoria, Cerebro comienza a respirar tranquilo y cada contracción expele luego una densa bocanada de humo blanco, en la que flotan los más maravillosos recuerdos, que traen a su inseparable amigo la visión alegre y reconfortante de los buenos momentos pasados. En ellos aparecen más amigos y amigas que ya no están. Hace tiempo que el viento se los llevó también. Ahora sólo existen donde siempre quisieron estar, flotando en el humo blanco, donde nacen los buenos recuerdos.

En el momento perfecto, el humo blanco que Cerebro ha ido soplando le rodea, está por todas partes. Ya no se ven ni su mesa ni su silla, ni el planeta ni las estrellas. Todo a su alrededor es un denso humo cargado con los mejores y más valiosos recuerdos que le hacen sentir vivo y satisfecho de lo vivido. Pero desde la distancia el Tiempo ha empezado a enfadarse porque todo esta muy quieto, y la quietud se ha llevado todo el viento para salvarlo antes de que salga de nuevo el sol. Cerebro empieza de nuevo a respirar, esta vez hacia dentro. El humo que no quiere guardar va perdiendo color, se va oscureciendo. La luz comienza a bañar el cielo y a apagar las estrellas una a una. Es el momento de ponerle de nuevo en su caja y recoger lo que Cerebro ha guardado.

Pronto el sol estará arriba, en lo más alto, y el planeta quedará vacío hasta que vuelvan a visitarle.

Quizás ya no será el mismo, se moverá si las estrellas lo desean. Pero si es perdido, cuando vuelva y lo encuentre, será más feliz porque sabrá que ni el tiempo, ni el olvido, ni la distancia le han separado de aquello que tan celosamente ha confiado a su mejor amigo. Y más brillante y claro será el humo, y más valioso será el tesoro de sus recuerdos.


*Metasurrealismo?

Un fuerte aplauso para despedir a nuestro último concursante


Entre el estruendo causado por el clamor de los presentes:

- !Hola de nuevo glorias del sub-mundo! - El rugir del publico alcanzó su pleno apogeo cuando la voz sonó de nuevo por los altavoces - Criminales y delincuentes, putas y drogadictos, ladrones y marginales, vividores, alcohólicos y pendencieros os felicito. Si no forman parte del grupo de los cuatro británicos que la emprendieron con la imagen de nuestra patrona, La Señora de la Mutilación, y que ahora se encuentran hospitalizados gracias a la colaboración de nuestro equipo de seguridad. Si no son tampoco el pobre desgraciado que intento intimar con una de nuestras camareras y que, por razones que no logro entender, proyectó después su cara contra las paredes del aseo de caballeros para finalmente morir con la cabeza metida en el retrete, estáis de enhorabuena. Por que todos vosotros vais a presenciar el que será sin duda ¡El evento de la noche!

Hizo una pausa y tragó saliva antes de continuar. El Griterío se hizo murmullo, la multitud estaba expectante, salvo algunos que continuaban enredando, ya extenuados.

-! Es la hora de la saaaaangre! Hoy, esta noche, dos de los convictos más peligrosos e indeseables, cortesía de la penitenciaria de Mont Mérogis, se la van a jugar para todos vosotros. Arriesgarán su vida, con el consuelo de que uno de los dos saldrá, además de vivo y victorioso, lo que es todo un logro, ¡con el indulto en la mano y los bolsillos cosidos de pasta!- En la pantalla, sobre los espectadores, la imagen mostraba decenas de billetes cayendo hacia ningun lugar mientras en el fondo no dejaba de llover sangre. El público estallo en vítores y aplausos - Pero antes de que la sangre llame a nuestra puerta, antes de que todos empecemos a volvernos locos por el vulgar liquido rojo, es el momento de agradecer a nuestros colaboradores el patrocinio que nos han brindado. En especial al canal de violencia infantil de máxima audiencia, ocho igual igual igual igual Dé. Van a necesitar papel para resolverlo - Se retiró por unos segundos el micrófono de la boca para poder reír a gusto - Que dentro de unos meses emitirá este espectáculo en directo los días festivos. También, y ahora me pongo muy muy serio, agradecer su colaboración al grupo de rap latino “Sangre en el piso” que recientemente perdió a uno de sus miembros en una masacre casual acontecida en las inmediaciones del mercado local de narcóticos. Que hoy nos presenta su nuevo disco “Hit ya wife in da´ teeth” Pueden adquirirlo ya por unos cuantos pavos, o quien sabe, “quizás cambiarlo por un poco de sexo, si eres una zorra a quien la droga no ha demacrado en exceso”*. No quiero olvidar tampoco a los promotores de esta competición, a quien debemos el honor de poder celebrar hoy este espectáculo. Sangre, armas y petróleo, el “S.A.P” a quienes deseamos el mejor de los futuros como multinacional. Ahora si - Se detuvo entre los aplausos para apretar su discreto auricular contra el oído - Dejémonos de hacer de buen cristiano y pasemos ya a presentar a nuestros decididos concursantes.

Las luces que iluminaban la plataforma se apagaron. El público, como era tradición, guardó silencio.

Después que pudiera escucharse una corta melodía macabra tocada sobre un organillo electrónico, la luz volvió. Esta vez solo tres focos iluminaban la plataforma. Uno hacia el presentador, situado en el centro, y los otros dos a cada lado de este. El del presentador color blanco, a su derecha otro de color verde, a su izquierda otro de color rojo. Bañados por la luz de los focos de color, en cada lado, habían aparecido grotescas figuras. Eran los concursantes.

El público recobró el suspiro y dio paso a la diversidad de opiniones y mensajes. Antes de que el jaleo fuese de nuevo intenso, el presentador prosiguió:

- ¿! Qué os había dicho ¡?! Es la hora de la saaaaangre! - Tomo aire con profundidad - ¡Ya están aquí! ¡Aquí están nuestros campeones! … En el lado verde tenemos al gordo. Con ciento veintitrés kilos de peso, con su imponente uno noventaidós de altura. Con un historial delictivo que roza la perfección; tres dobles-muertes, cuarenta cargos por agresión, conocido simpatizante de la ultra sangre, violaciones, asaltos y robos. Todo un mito entre los jóvenes estudiantes de la calle. ¡Aquí tenemos al gran, al fuerte, al muro! ¡Leopoldo “Gordo sangriento” Caaaaarpa!

El publico que había comenzado a abuchear y gritar frases fáciles y cortas que auguraban a Carpa el peor de los finales. Con la mano derecha en el auricular y la izquierda sosteniendo el micrófono, mientras sus rodillas se balanceaban de derecha a izquierda emulando algún baile con el que jugaba con los nervios de los contrincantes, continuó:

-!Y ahora! ¡En el lado rojo! - El irrespetable rompió en elogios y vítores de la más baja etnia. En su traje elegante negro pero horriblemente matizado con líneas de rojo pasión que lo cruzaban de arriba abajo y una sonrisita dibujada en el rostro, el presentador dio unos pasos hacia el publico - ¡Aquí esta! ¡El flaco, el palillo, la yanta humana! Con su discreto metro cincuentaitrés, con sus inapreciables cuarenta y nueve kilos. Este desnutrido es pura maldad. Escuchen esto; ¡Seis triple-muertes! Pedófilo, necrófago, coprófago y zoofílico. Este animal parricida le cortó la cabeza a su abuela y se hizo una mochila con su hermana. ¡Conocido en la cárcel como “Rey escoria”! ¡Alarico Zacarías “boooooooomba”!

Se secó el sudor con la mano mientras miraba impactado las aberrantes figuras de ambos participantes - ¡Todo esta preparado! Solo falta claro, el ¡Arma de la semana! ¿Sino como iba a poder ganar Zacarías? En pantalla tenemos a nuestra “Puta de oro”, vamos puta, haz que se mueva la rueda. Que gire ya ¡la ruleta de la muerte!

Todos los ojos clavados en la pantalla, siguiendo con la mirada el movimiento de la ruleta. El sonido de sus engranajes en los altavoces. Todos mirando menos el presentador:

- Haber que sucede…¿será el puño americano o el trinchador? ¿Destornillador o el será revolver? ¿Quizás la siempre útil motosierra...? - El publico se fundió en un gran “Oooooohhhh” cuando finalmente se detuvo. Al girarse arrimo el micrófono de nuevo a su boca y reveló el resultado - ¡La catana oxidada! Bueno, parece que se le complican las cosas a Zacarías. Bien que así sea. Puta, tráele a esta insustancial demente su regalito.

Salió desde unas cortinas causando gran expectación, contoneando su hermoso trasero y sosteniendo la catana en sus manos de modo ceremonial.

Cuando se aproximaba a la estructura que concentraba la esencia del show, vestida con un bañador color dorado en cuya parte posterior se podía leer “See IS Fuck” Una botella lanzada desde las primeras filas en las que algunos energúmenos peleaban, impactó en la cabeza de la mujer que cayo fatalmente herida, clavándose además, la catana en su muslo izquierdo. El público reía salvajemente. El narrador del evento con una mano tapaba el micrófono al tiempo que se lo llevaba a la frente agachando su cabeza suspirando su decepción por el deterioro en el programa.

-Aah…Hombre precavido vale por dos ¡Que pase nuestra puta suplente!

Entre los espectadores, empujada por los miembros de seguridad del recinto, apareció una adolescente vestida como la mujer anterior pero esta última llevaba la cabeza rapada. En su cara el pánico tras saber que “Puta de oro” había fallecido.

-Aquí la tienen. Al parecer la catana oxidada estaba bien afilada ¿eh? - La chica subió entre las carcajadas de los presentes a la plataforma y le entrego la catana a quien sermonaba el espectáculo. Este a su vez se la arrojó a Zacarías - ¡Que de comienzo la sangre!

En ese preciso instante el televisor se estropeó. Curney miró a su hermano con quien compartía el sofá. Luego se levantó y comenzó a darle golpecitos que acabaron en porrazos con un objeto contundente. Al televisor le estalló la pantalla tras un mal golpe a lo que la pequeña Curney solo supo decir: Mierda


Sirva de critica a la sociedad capitalizada.
*Rima del grupo

De la nada

Como un defensa central de la selección francesa, con la mente como una chocolatina sometida a una intervención con láser, así me encontraba yo, fuertemente derretido.

Había llegado a la conclusión que debía ser mi trabajo o yo, pues en tandas regulares y por turnos nos habíamos ido tiroteando como negros que venden crack en Los Ángeles y pronto uno de los dos acabaría con el otro irremediablemente. Decidí engañar a mi médico de cabecera fingiendo un desengaño amoroso con una mujer ficticia llamada Lola para conseguir la baja por depresión, la más cotizada y duradera. En una sublime interpretación teatral, digna de los Monty Python, conseguí engañar a mi médico, el Dr.Bueno, y ausentarme justificadamente de mi trabajo durante un tiempo.

Y así, como tantas otras veces, del problema resuelto surgió otro problema aún mayor.

Y es que cada noche, como venida de los infiernos, esa mujer ficticia se convertía en la protagonista principal de una serie de pesadillas sistemáticas. La digna actuación que bien me valió unas remuneradas vacaciones había alojado a Lola en el nicho más putrefacto de mi perturbadora conciencia. Haciendo uso de un “argumentario” ilimitado, me daba cada noche las más devastadoras excusas para terminar conmigo una relación que nunca llegó a fraguarse. Hubiera vuelto al trabajo de inmediato para acabar con ella pero no estaba tan loco, seguro que habría otra manera y debía encontrarla.

Tirando del refrán más sucio que conocía “Una mancha se quita con otra” me propuse encontrar a otra mujer, esta vez real, para desplazar a Lola de mi cabeza de una vez y para siempre. Así que, totalmente hastiado, una tarde me engalané y me lancé a la calle con el firme propósito de encontrar una mujer capaz de inutilizar todos mis receptáculos sensitivos. Capaz de beberse mi ego y defecarlo caliente y en mejor estado. Justo lo que necesitaba para olvidar y eso era lo único que en realidad quería, olvidarme de Lola.

No tenía dinero para pagar las copas de toda una noche en los locales más selectos, así que tendría que recurrir al lado oscuro, como hizo Anakin para resolver cuestiones amorosas. Quizás allí, con mucha suerte, podría encontrar un espécimen válido y apto a mi desinflada cartera.

Elegí un bar bastante casposo, con el suelo pegajoso y sin apenas ventilación, era absolutamente idóneo. Estaba inexplicablemente repleto de mujeres, muchas de ellas extranjeras, que para tan deshonroso propósito resultaban igualmente válidas. Como no sabía por cuál decidirme, les ordené formar una fila sencilla en torno al lavabo de hombres, donde las entrevistaría una a una. Encontré una casi perfecta llegada en último lugar. Aunque movía los ojos de manera independiente, como un camaleón, o aunque tuviese el pelo desaliñado y el escote manchado de vino tinto, todo eso no importaba, la había encontrado. En un corazón maltrecho como el mío siempre habría lugar para la imperfección. La parte que omitiré es justo la que nos conecta con mi cama. Bueno, hay un detalle que olvidé mencionar, la sujeta también se llamaba Lola. Llamémosla Lola 2.

A punto de quedar dormido y lamentablemente acompañado por Lola 2, Lola no se atrevería a molestarme. Tenía demasiadas cosas en qué pensar, la noche había sido intensa. Cuando me encontraba a punto de entrar en el sueño más profundo, Lola2 se incorporó y me dijo: “tengo que decirte algo…” Aquellas palabras eran idénticas a las que iniciaban cada noche mi pesadilla con Lola. Lola2 quería conmoverme para luego abandonarme. Pasados unos días volví a repetir el proceso, esta vez en otro local distinto y conocí a otra. De igual manera, antes siquiera que pudiese pagar las copas, me ninguneó. Comprendí que debía confesar la verdad al Dr.Bueno, volver al trabajo y pedir perdón…y no sé qué más decir para que todo acabe bien.